Hoy la sociedad demanda gobiernos más abiertos al escrutinio y a la evaluación. Exige también gobiernos sensibles, cercanos a la gente y que brinden confianza a los ciudadanos. Para lograr esto, es indispensable un cambio de actitud. Se requiere transitar de una cultura de la corrupción a una cultura de la legalidad, la transparencia y la honestidad.
Se necesita que los servidores públicos no sólo asuman la responsabilidad de cumplir y hacer cumplir la ley, sino que también actúen, en conjunto con los ciudadanos, para prevenir y erradicar la corrupción en sus distintas modalidades.